Tirar la basura fuera…

Los dos grandes acontecimientos de esta semana en mi vida, han sido de diversa índole.  Primero se nos ha estropeado el lavavajillas. Llevo una semana intentando que venga un técnico a decirme qué le pasa y hemos vuelto a fregar a mano. Pereza máxima.

El otro ha sido salir a trabajar fuera de Madrid  en una ciudad del norte, que me encanta. No creí que pudiera salir del teatro, pero me las arreglé para darme un buen paseo el viernes por la mañana por el casco histórico… Lo disfruté un montón… sentada en una terraza tomando un café, antes de ir a trabajar, no pude evitar pensar “qué a gusto y qué limpia está esta ciudad”… Seguramente “en todas partes cuecen habas” y habrá barrios y barrios… pero en general daba gusto.

 

Lo que no sabía, es que ambas situaciones, estaban relacionadas.

Durante estos días, que tenemos que fregar a mano ( y no hablo, de la taza suelta del café) me he dado cuenta de que hemos empezado a generar muchos menos platos sucios… si antes usaba tres platos para cocinar, ahora me apaño con uno. Básicamente porque no tengo sitio donde ponerlos a secar, y si los amontono LOS VEO y ME MOLESTA. Antes no pasaba, porque el  lavavajillas lo hacía por mí. Supongo que esa es la clave: los problemas, la suciedad no nos molesta de verdad, hasta que no la vemos amontonada.

Quizá penséis que es una conclusión muy “por los pelos” por culpa de un lavavajillas estropeado… y probablemente tenéis razón.

Ahora, me gustaría contaros otra cosa  que me pasó hace un par de semanas en un barrio de la periferia de Madrid, donde una “señora” ( por llamarle algo) salió a la puerta de su tienda, y vació las papeleras en el hueco dejado por un árbol inexistente.

Había un contenedor de basuras a menos de 50 metros. Cuando le pregunté qué demonios estaba haciendo, me llevé de regalo una colección bastante variopinta de insultos (algunos bastante ingeniosos, no os creáis, me los he apuntado ) y un “en mi casa, hago lo que me da la gana”… y se fue.

Y esa es una gran parte del problema ( polémicas políticas a parte, sobre los servicios de limpieza) … No es tu casa, y NO puedes hacer lo que te dé la gana. Podría decirse que el caso de esta tipa ( se me resiste, llamarla “señora” ) es extremo, pero pensando más detalladamente me temo que no. Hasta que en Madrid la basura no se  ha acumulado, parece que no nos molesta… me apuesto cualquier cosa, a que esta “señora” es de las que también se queja , porque “el barrio está sucio”… como hacemos muchos.

Hasta que a nosotros no nos empezó a molestar ver los platos amontonados, no empezamos a preocuparnos por ensuciar menos. Supongo que en esto está buena parte de la solución (paradoja MODO ON). Los problemas no se solucionan, si no hablas de ellos y no hablas de ellos si no te molestan. Si siempre hay alguien que limpie y recoja por ti, nunca dejarás de generar basura… ni en casa, ni en la ciudad.

Todo esto me llevó a pensar de dónde viene esta relación con la basura. Dejemos de lado la locura consumista en la que vivimos y que nos lleva a generar muchísima más basura de la que deberíamos, a los niveles de educación, la situación socioeconómica, la situación política, etc..

Me refiero más bien, al origen de esa necesidad, que muchos tienen de “echar la mierda fuera” (perdón por la expresión) sin poder esperar ni medio segundo.

Esta señora habría tardado 30 segundos más en tirar la basura, si hubiera ido al contenedor…esos niños que se tiran en plancha por las golosinas del paquete, sin importarles dónde lo tiran o quien lo recoja… esas parejas que se ponen a discutir a grito pelado, sin pensar quien les mira o si sus hijos están presentes…. TODO son formas de basura y de echarla fuera... y  a todos nos ha pasado alguna vez, no digo que no.. si a un niño no le enseñamos donde hay que hacer caca, lo harán en cualquier parte, manchándose ellos y a los demás…hay muchos ejemplos más, creo que me entendéis.

 Pero,¿¿¿ por qué??? .

Porque no sabemos ESPERAR. No toleramos la frustración, ni la demora. Lo queremos TODO YA Y AHORA. Y así nos va. 

Tenemos que recuperar la capacidad de esperar, la capacidad de ponernos en el pellejo del otro, de ese otro que va a tener que recoger “nuestra basura” física o emocional...  aunque solo sea, porque en algún momento nos tocará a nosotros recoger.

Hablo en sentido general y figurado. Enseñemos a los niños a limpiar, no solo por razones evidentes de higiene, sociabilidad e independencia; también como forma de no generar, ni consumir basura.  Como forma de tirar los desperdicios ( físicos o mentales) en el lugar y momento adecuados.

Como forma de ponerse en el pellejo del “otro”.

Tendremos un mundo mejor.

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