Atardeceres.

Ahora que entramos en la recta final del invierno ( a saber  qué nos traerá la primavera ) intento aprovechar para hacer algo que creo un lujo asiático en toda regla: salir al campo un día de frío  y volver a casa calentita…

Normalmente lo disfruto por las mañanas con los perros, porque por las tardes voy a trabajar y vuelvo muy tarde. Mi tarde libre (la única que tengo) la reparto  entre planes que solamente se puedan realizar por las tardes como cursos, eventos, talleres, etc… y dormir.

Pero el lunes pasado, no lo hice.

Ese día me fui por la tarde a dar un paseo por la ciudad , no por el campo… sin un propósito definido. Solo mirar.

Fue genial…y un pelín extraño.

Tengo tan tan tan interiorizado trabajar en un sitio a oscuras , sin ventanas  (no os asustéis, no estoy metida en una cueva… hablo de un teatro que por definición es un espacio estanco y oscuro… y como me paso la vida “entre bambalinas” no veo mucho la luz del sol) que no sabía lo mucho que echo de menos los atardeceres.

Pasamos tanto tiempo encerrados y tan poco al aire libre (aunque sea en la ciudad ) que algo tan normal como un atardecer se convierte en algo mágico.

Con un día libre a la semana, y por mucho que quiera ir despacio por la vida y me organice, os aseguro que no me suele dar tiempo a pasear por la tarde…  ni ver cómo cambia la ciudad o el campo al caer el sol… y me consta que no soy la única a la que le pasa.

Niños que pasan media tarde en actividades extra escolares y la otra media haciendo deberes en casa hasta que se hace de noche…. adultos con horarios IMPOSIBLES y completamente alejados de la conciliación o de la mínima lógica… trabajo a turnos… falta de espacios al aire libre en las ciudades o la imposibilidad de trasladarse a la naturaleza con regularidad …

No nos lo ponen fácil…y esto crea más problemas de lo que pensamos… acabamos desconectados del mundo y  la naturaleza se vuelve algo extraño… no hablo de las selvas de Brasil, hablo de cruzarnos un escarabajo en un camino de tierra …

Dejamos de fijarnos en nuestro barrio, en nuestros pueblo… en los cambios de nuestra calle hasta que ya es  demasiado tarde :  ¿¿Dónde esta la tienda del señor Mariano? ? ¿ ¿Por qué ahora hay un “made in china”??…

¿¿ Creéis que exagero?? Seguramente alguna vez habéis sentido algo como lo que comentan en este artículo : ¿Qué es la solastalgia?…  aunque no hayáis podido ponerle nombre.

Estamos consiguiendo algo realmente complicado y peligroso: desconectarnos del mundo que nos ha hecho como somos.

A pesar de todo, sé que tengo suerte… salgo al campo con regularidad  ( casi todos los días) con mis perros, observo y disfruto lo que pasa a mí alrededor…pero echo muchísimo en falta el ritmo de las cosas… mañana, tarde y noche… para mí el día solo tiene dos posiciones .. mañana y noche cerrada… y eso desgasta.

Afortunadamente podemos hacer más de lo que creemos al respecto. Puede que no podamos cambiar la sociedad ( aún ) pero podemos empezar a pequeña escala… recuperar el uso de los parques y jardines… no encerrarnos entre cuatro paredes…salir aunque haga frío, demasiado calor o llueva… El clima también es parte de la vida.

No trasmitamos a los niños  ( ni nos creamos nosotros ) que lo que “hay fuera” es extraño y que el único sitio seguro es entre cuatro paredes… ya sea un paisaje inexplorado, una calle en el pueblo o un atardecer en el parque.

jugando-en-la-ciudad-slow-life
Foto by:@alesconditeinglés
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